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Nuestra Señora de la Bella de Arani
Dr. Edwin Claros Arispe
Introducción
El actual templo de “San Bartolomé” de Arani es considerado un
importante Santuario porque en él se venera una de las advocaciones
marianas más antiguas del Valle Alto, y custodia una de las imágenes más
bellas de la Virgen María. Esta imagen está tallada en madera y presenta
un rostro maternal con ciertos rasgos autóctonos de mujer del Nuevo
Mundo. La tradición indica que la imagen fue traída desde España, sin
embargo, no se ha encontrado documentación escrita que certifique este
dato. Lo cierto es que su veneración se remonta a finales del siglo XVI
o principios del XVII, y que desde sus inicios esta devoción mariana se
difundió y popularizó entre los habitantes del valle cochabambino y
comunidades de su entorno y entre los viajeros que se dirigían hacia
Charcas, las minas de Potosí y la región Chiriguana del oriente.
Por sus antecedentes históricos de veneración antigua, se debe
considerar a la Virgen María de La Bella entre las imágenes más notables
del culto mariano de la época Colonial, como la virgen del Rosario del
Villar (Tomina, 1582?), la Virgen de Copacabana (Tito Yupangui, 1583),
Nuestra Señora de la Gracia de Pucarani (imagen labrada probablemente
por Tito Yupangui), la Inmaculada Concepción de Sopocachi (La Paz,
1568?), Nuestra Señora de la Candelaria de Potosí y Nuestra Señora de
Guadalupe de Chuquisaca.
Por su valor arquitectónico y histórico, por su platería y sus retablos,
el Santuario de Nuestra Señora La Bella fue declarado Monumento Nacional
y Patrimonio Colonial del departamento de Cochabamba por Decreto Ley del
19 de Septiembre de 1945.
1. Temprano culto mariano en el Valle de Cochabamba
La presencia de los primeros cristianos españoles que se asentaron en el
área que antiguamente se denominaba “Valle de Cliza” (hoy Valle Alto de
Cochabamba) ha dado origen al culto mariano de La Bella. Este valle
comprende, estrictamente hablando, las capitales y algunas secciones de
Tarata, Cliza, Punata, Tiraque y Arani.
Los hermanos Hernando y Gonzalo Pizarro, al mando de un pequeño grupo de
soldados españoles (y un ejército de unos 5000 indios, sujetos a los
españoles) fueron los primeros hispanos en arribar al valle de
Cochabamba, por motivo de conquista y hacer frente a los indios leales
al Inca. Esto ocurrió en los años 1538 y 1539, ocasión que sirvió para
que a los pocos años se instalasen en los valles de Cochabamba soldados
y laicos colonizadores españoles; unos exigiendo mercedes (premios) y
otros buscando encomiendas. Al inicio hubo cierta concentración de
españoles en las estancias de Toco (Cliza), posteriormente otros
españoles fijaron su interés en las tierras fértiles de Punata y Arani.
Las estadías permanentes de los primeros españoles en el Valle
cochabambino se iniciaron en la década de 1540. En la década de 1550
esta presencia se incrementaría aún mucho más. El motivo fue la
producción agrícola de granos y el pastoreo de ganado vacuno y ovino.
Pedro Xuarez Cermeño fue uno de los primeros españoles residentes en la
localidad de Arani. Este hispano cristiano compró tierras en
Saqsayjarani (Arani) en 1556. Por otra parte, la orden de San Agustín,
en 1570, fundó un convento en Collpa Siaco (comunidad perteneciente a
Arani), bajo la advocación y protección de Santa Catalina, sujeto al
vicario de Tapacarí. El fundador del convento fue el padre fray Diego de
Dueñas.
Estas referencias históricas tempranas de presencia del cristianismo son
indicadores para considerar la influencia directa en la devoción mariana
en el Valle de Cochabamba, veneración que ya había sido recomendada por
los Primeros Concilios de Lima, de 1551, 1567 y 1583.
2. Virgen María “La Bella”. De Lepe (España) a Arani (Bolivia)
El título de “La Bella”, advocación dada a la madre de Jesús, es
originaria del sur de España. La santísima Virgen María “La Bella” fue
venerada desde el siglo XV en la localidad de Lepe, provincia de Huelva
(España). Es patrona de Lepe y su fiesta es la más popular de la región;
miles de romeros le hacen ofrendas de flores en el mes de mayo y cientos
de caballistas, charrets y personas de a pié, todos con sus trajes
típicos, desfilan ante la imagen de La Bella. En romería, la Virgen es
trasladada de Lepe hacia El Terrón, puerto pesquero de Lepe. El Terrón
es el lugar donde se habría aparecido la Virgen de La Bella, tradición
vinculada a unos marineros y a los frailes franciscanos de la región.
Para los marineros, la Virgen de La Bella fue su patrona y protectora.
Cuenta la leyenda que cierto día varios religiosos y el padre Guardián
de la Orden de San Francisco paseaban por la orilla del río Piedras,
observando cómo un barco tripulado por tres jóvenes se dirigía hacia
ellos. Una vez en tierra rogaron a los religiosos que les guardasen una
caja (donde se contenía la imagen de la Virgen) hasta que volvieran a
recogerla. De esta manera la caja quedó bajo custodia en el convento
durante varios años. Un día un hermano franciscano abrió en presencia de
la comunidad el cofre, apareciendo una hermosa escultura de la Virgen
María, ante la que exclamaron lo frailes: “¡Oh, qué bella! ¡Es como la
del Cielo!” Esta alabanza fue desde entonces el nombre de la preciosa
Imagen. La noticia del hallazgo de la Virgen La Bella se extendió por
toda la comarca.
La devoción a Nuestra Señora de La Bella se difundió también por el
Nuevo Mundo. Se sabe que en el siglo XVI, además de la Virgen de La
Bella de Arani (Cochabamba) hubo una capilla dedicada bajo la advocación
de La Bella en Puebla de los Ángeles (México).
Existen varios indicios para sostener la tesis de que los españoles
residentes en el valle de Arani, especialmente los muy devotos de la
Virgen de Lepe (España), iniciaron la devoción mariana de La Bella,
difundiéndola entre los cristianos de la región que había adquirido
importancia económica por la producción de cereales, árboles frutales y
ganado vacuno, traídos de la península ibérica.
Teresa Gisbert y José de Mesa, en su estudio sobre “La Virgen María en
Bolivia” catalogan la veneración mariana de La Bella entre las “Vírgenes
españolas transferidas con poca alteración”. Es decir, la imagen de la
Virgen La Bella de Arani es resultado de la transferencia o migración
desde el puerto de Lepe de España. Sin embargo, se debe señalar que en
el valle de Arani, los contextos culturales regionales hicieron de su
culto algo muy particular y distinto de la región sureña de Lepe.
3. Algunos Obispos de Santa Cruz de la Sierra y la Virgen de La Bella
Hasta 1604 el “Valle de Cliza” estuvo bajo la jurisdicción eclesiástica
de la diócesis de La Plata (Charcas), pero al crearse el obispado de
Santa Cruz de la Sierra en Julio de 1605, pasó a pertenecer a esta nueva
jurisdicción. Con la erección del episcopado cruceño, la devoción de
nuestra Señora La Bella recibió una especial atención y devoción de los
Obispos de Santa Cruz de la Sierra, particularmente de fray Bernardino
de Cárdenas y Ponce, el “Kolla Mitrado” (quinto Obispo de Santa Cruz).
Este prelado, en Octubre de 1667, aseguró en una de sus cartas que la
mamita La Bella le sanó milagrosamente de dos enfermedades de muerte por
milagro manifiesto; el Obispo Cárdenas tuvo una visión en la que la
Virgen le tendió la mano como signo de recuperación de su enfermedad.
Una vez sanado milagrosamente, Bernardino de Cárdenas fue el más fiel
devoto de la Bella. El Obispo Miguel Bernardino de la Fuente y Rojas, de
origen limeño, fue quien destinó recursos económicos para la
construcción del Santuario (1743-1745), por especial devoción a la madre
de Jesús. El prelado de origen cordobés, Juan Pablo de Olmedo (1749)
completó la construcción del templo, hizo refacciones y mejoras. El
Obispo paceño José Ramón de Estrada (1791-92) contribuyó en el esplendor
del Santuario de la Virgen de La Bella. Rafael de la Vara de la Madrid,
como doctrinero y luego como el primer párroco de Arani (1780-1806)
engrandeció su parroquia con trabajos de carácter espiritual misionero y
con las mejoras materiales del templo.
Entre los testimonios de laicos se debe citar a Francisco de Viedma,
Gobernador e Intendente de Cochabamba. En 1793 informaba que el
Santuario de Arani era algo mayor que los otros curatos, que se veneraba
una imagen de María Santísima con el título de Nuestra Señora de La
Bella, a quien toda la provincia y sus inmediaciones tenían particular
devoción, y que venían muchas gentes en romería a cumplir sus promesas;
que el día 24 de Agosto se celebraba una fiesta solemne, fiesta que
atraía innumerable concurso de gentes, y con este motivo se hacía feria
de géneros de castilla y de la tierra y que los fieles contribuían con
muchas limosnas. El viajero francés Alcides D. D’orbigny en su paso por
Arani hacia Santa Cruz , el 23 de Octubre de 1830, entró en el templo y
admiró la riqueza de sus adornos de plata y la famosa Virgen llamada
Nuestra Señora de La Bella, imagen que atraía muchos votos y
peregrinajes, y sobre todo limosnas. Don Federico Blanco, en 1901, decía
que el 24 de Agosto se celebraba una fiesta muy concurrida en honor de
María Santísima La Bella.
4. El santuario de La Bella y los peregrinos
Durante los siglos XVII, XVIII y XIX la devoción a la Virgen de La Bella
se difundió y se popularizó entre creyentes, no solo de las poblaciones
del Valle Alto, sino también entre los devotos de la zona andina de
occidente y los devotos del oriente boliviano. Los romeros acudían al
Santuario mariano durante todo el mes de Agosto, de modo especial, los
días anteriores y posteriores al 15 de Agosto (fiesta de la Asunción) y
el día 24 de Agosto. Paulatinamente, la fiesta patronal se fue
organizando de la siguiente manera: el 23 de Agosto es el día del
“Calvario”, día de las vísperas, con una romería y celebración
eucarística en el lugar denominado “Calvario” y la venta de miniaturas;
el día 24 que es propiamente la fiesta patronal, en el que los devotos
visitan a la Virgencita en el templo y participan de la solemne
procesión; el día 25 es la “cacharpaya”, despedida de la fiesta y
despedida de los peregrinos del Valle Alto que viajan a la virgen se
Surumi, en el norte de Potosí.
Los más de cuatro siglos de veneración de la virgen María en Arani
constituyen un tiempo significativo de experiencia de religiosidad
popular, un tiempo marcado por los buenos augurios, como también por la
experiencia de la finitud y la limitaciones en la prosperidad material y
la realización personal-familiar; sin embargo, un tiempo fuerte
religioso marcado por la devoción a María La Bella con la gran esperanza
de días mejores, de salud espiritual y de bendiciones en el trabajo y en
la producción agrícola.
Fuente: Arquidiócesis de Cochabamba
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