Romance viejo de la Madre nueva 

 

Antonio y Carlos Murciano

 

 

(Lc 2, 1-8) 

Camina la blanca niña 
por los campos de Belén, 
camina que te camina, 
camino de ser mujer. 
Detrás la sigue el esposo, 
ciego ya de tanto ver; 
delante, la leve huella 
del ángel de Nazareth. 
En un establo en ruinas 
se han venido a guarecer. 
Virgen se estaba la niña, 
intacta su doncellez: 
varón que la mancillase 
no viera el mundo nacer. 
En el cristal de sus ojos 
se copia un breve doncel; 
en los sus labios un nombre 
se multiplica por tres; 
en los sus pechos floridos 
cantan la leche y la miel 
y en el su vientre sin mancha 
comienza el amanecer.