Contemplando la imagen

 

Padre Javier Albisu sj 

 

 

María camina con sus ojos fijos hacia adelante, mirando lo que le fue prometido. No mira tanto la dificultad del camino como la seguridad de la promesa. Podemos imaginar, por cuántos rostros se va preguntando, mientras siente que al mismo tiempo, le tironean el corazón.

"¿Cómo me gustaría ver el rostro del Dios hecho hombre que está por nacer? ¿Cómo me gustaría ver el de Isabel después de la noticia de su maternidad a pesar de su vejez? ¿Cómo quisiera contemplar el de José al saberse custodio del Hijo del hombre? ¿Cómo me gustaría ver ahora el rostro de aquella mujer que se preguntaba si Dios se acordaba de ella en medio de su enfermedad? ¿Cómo quisiera contemplar el rostro de aquel papá que despedía entre lágrimas la vida de su esposa? ¿Cómo me gustaría mirar el rostro de aquel joven que se marchaba desilusionado por el camino de su búsqueda? ¿Cómo me gustaría contemplar el rostro de aquellos niños que jugaban soñando una nueva creación?"

María sabe que todo tiene que mirarse de ahora en más, desde el Dios que ya está viniendo. Ese Dios que es Palabra de Amor en la carne del viejo que se piensa infecundo, del trabajador que se cree hecho a un lado, del enfermo que se siente dejado, del esposo a quien la muerte ha visitado, del joven que se marcha ya cansado, de los niños que sueñan mientras siguen jugando. 

Y cargada de esa mirada, se dispone a tomar su pequeño bolso y acude a servir. María nos enseña a retomar el trabajo de la esperanza con todas nuestras fuerzas. 

Serán las manos diligentes, los pies marchando a toda prisa, los corazones que aceleran sus latidos, los que hablen de la cercanía del Dios-con-nosotros; los que resuenen como eco de esos pasos suyos que ya están viniendo.

Pero lo otro que también tendremos que estar listos a llevar como María, será el manto. El manto de la misericordia que arrope, que cubra desnudeces, que caliente frialdades, que devuelva la dignidad de seres amados, que cobije intemperies, y con toda llaneza se ofrezca para el descanso.

El camino de la Promesa, será así, junto con María, un camino de cara al Sol que está naciendo y nos invita a "comenzar el día de la esperanza", y al mismo tiempo, un camino bajo la Sombra de ese "Amor Altísimo" que está por encima nuestro para reparar nuestras pocas fuerzas.